In Testimonios

“Siempre me ha encantado la repostería, hacía cosas dulces para mi casa. Una prima siempre me decía: ¿por qué no haces más y le vendes a otras personas? Yo no sabía ni cobrar, nada. Un día pasó una señora preguntando si conocíamos a alguien que hiciera tortas y mi prima dice: ¡ella! Así que le vendí a esta señora y partí con el negocio, todo de forma bien artesanal. Me siento bien aportando a la casa, me gusta ser independiente, me encanta trabajar la repostería y hacer cosas a pedido, me da la posibilidad de tener tiempos flexibles. Vendo hartos tipos de tortas: chocolate, manjar lúcuma, hojarasca, amapolas, tres leches. Banigualdad es una forma de ayuda con la que me pude comprar una batidora grande, producir a otra escala, me compré un cooler, así he ido creciendo. Uno pide un crédito en cualquier parte y te cobran mucho interés, en cambio Banigualdad te da la facilidad de pagar bien y tranquila, sin pensar que vas a pagar el doble una vez que termines”, nos dice Sandra Hernández, emprendedora de Puente Alto.

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